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Terrazas para comer

 
Diario El Comercio año 2000.
 

Dicen los analistas turísticos que los visitantes que vienen a Asturias lo hacen motivados, en primer lugar por la belleza de nuestros paisajes y en segundo por la gastronomía, y así les pregunto a los señores de la administración ¿porqué no promocionan los comedores en terrazas?, una forma de sincretizar los dos atractivos de mayor incidencia.

Bueno pues no.

Y no es solo que no los promocionen, si no que incluso hasta los castigan, persiguen y sancionan, con unas leyes torticeras y trasnochadas que imponen temporadas absurdas y tributos salvajes, con lo que el hostelero no se puede permitir el lujo de montar unas instalaciones dignas y confortables, si no que se ve casi obligado a poner las sillas y toldos que les regala Coca Cola o cerveza Cruz Campo.

¿Porqué este desatino?¿Porqué no hay en Asturias una auténtica red de terrazas que nos permitan disfrutar de la buena mesa a la vez que del paisaje?

Algunos simplistas le echan la culpa al clima, pero eso es falso, porque precísamente donde se puede disfrutar de estas instalaciones es en climas beningos y no en los extremos como Madrid donde en invierno están a -5ºC y en verano a 45ºC.

En cuanto a la lluvia, les aseguro que en París cae bastante mas que en Oviedo, sin embargo sus aceras están plagadas de artilugios semirígidos que se abarrotan de gente los 365 días del año.

¿Afectan a la estética urbana?

Pues sí, pero para bien, porque uno de los mayores encantos de las ciudades francesas son precísamente las lujosas terrazas de las brasseries, donde unas vulgares salchichas con patatas se convierten en una insuperable tentación.

Nunca olvidaré una comida que hice en la terraza de Casa Colo, en Ceceda, disfrutando del exuberante paisaje que ofrecen las canales que surcan la Sierra de Ques, hasta el punto de que casi ni molestaba la desidia con que tratan habitualmente a los clientes en ese restaurante.

Sin embargo hay que ser un experto para dar con este tipo de comedores en el Principado.

Durante el verano están los chiringuitos de los puertos de mar, Cudillero, Candás, Tazones, Llanes, etcétera, pero se trata de instalaciones precarias en las que a la incomodidad de las sillas de plástico hay que sumar el latazo de los mendigos, perros piojosos, viento, olores a basura, camareros de fortuna, y hasta no pocas veces un inoportuno chaparrón.

Como terrazas recomendables solo me han venido a la mente media docena (pido perdón a los posibles olvidados que seguro me he dejado en el tintero), a saber: en Gijón El Puerto, Las Delicias y La Pondala, en Cangas de Onís La palmera, y cerca de Oviedo, la Venta del Jamón y El Asador de Abel.

¿Será esta la asignatura pendiente de la hostelería asturiana?

Pues puede que sí, porque lo que no es de recibo es que para disfrutar de este maravilloso aire libre asturiano haya que llevarse el filete en la tartera para comérlo en un merendero que a duras penas si consigues que te pongan un mantel de papel.

En Asturias cada rincón es un espectáculo maravilloso, y no es que reniegue de las areas recreativas, que son una delicia, pero cuando viene algún amigo de la meseta, invitarle a comer un bocata sentado en un tronco, pues no es la cosa.

Con el nivel de cocina que tenemos, Asturias necesita empresarios que apuesten por integrar el paisaje en sus comedores. Terrazas climatizadas, con menaje de lujo y buen servicio: éxito seguro.

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Escrito por el (actualizado: 13/08/2015)