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Exaltación de la primavera

 
Publicado solo en gallego en el libro A Cociña da primavera,

Todos los seres vivos de la tierra son receptivos de la magia de la primavera y los artistas, supuestamente los animales más sensibles del planeta, dedican sus más radiantes creaciones a esta estación del año.

Y yo me pregunto: si los compositores de música y pintura sienten la necesidad de crear las obras más bellas en honor a la época de las flores ¿porqué los cocineros no habríamos de hacer lo mismo?

Es cierto que los comerciantes de hostelería se afanan en preparar sus instalaciones para el lucrativo verano, pero ¿y los cocineros, los verdaderos artesanos de la restauración, que hacemos?

Durante estos meses la sangre se calienta y se altera haciendo funcionar las meninges a pleno rendimiento, las pasiones sensuales se desatan, la alegría recorre todo el cuerpo, pero ¿que hacemos los cocineros como tales artesanos?

Pues muchos estornudan por alergia al polen, otros buscan un hotel de la costa para hacer temporada, no faltan los que están de un humor de perros por tener que pasar todas las horas del día encerrados en una oscura cocina interior y, a los más, les importa un bledo la temporada del año en que estén porque para cocinar paellas, pollo al ajillo, o langostinos congelados a la plancha, les es completamente indiferente el mes en que vivan.

Sin embargo en estos días hay que dar gracias al cielo por haber salido del largo invierno, por poder respirar los nuevos aires que traen perfumes a campo y a flores, por correr a buscar los nuevos tallos que brotan en las huertas recién plantadas, o los primeros peces que salen de nuestros ríos. En definitiva, por sentir que nuestro trabajo puede ser uno de los más hermosos y variados que existen aun en esta sociedad esquizofrénica regida por el sucio olor de la tinta del papel moneda en vez de por la cálida luz del rey Sol.

La alegría de ver como una humilde planta de perejil brota de un tiesto, o el simple hecho de transplantar unos tiernos tallos de tomatera desde el invernadero portátil al huertecillo improvisado en una esquina del patio, son momentos mucho más gratificantes que los que se puedan vivir gastando parte del sueldo en unos grandes almacenes, y por supuesto más baratos, incluso hasta casi rentables.

La primavera es el momento para replantearse muchas cosas con más optimismo.

Sentir la fuerza y el vigor de la naturaleza, cargarse de la energía que el Gran Arquitecto del Universo nos regala desde la gran bóveda celeste con el rocío de cada amanecer, percibir en nuestra piel la tersura de las hortalizas recién cortadas y oler las fragancias de tantas y tantas cosas, mil veces más hermosas e importantes que el sucio dinero, porque no nos engañemos, nunca nos llegará a final de mes.

Y a quien le llegue, pues peor para el.


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