


Junio 2009
En nuestra larga, trágica y casi siempre fallida cruzada contra los impíos y herejes kilos, mi querido amigo y compañero de fatigas, el ya conocido de ustedes, Dr. Fabré, y un servidor, hemos redactado esta heterodoxa y poco científica escala de abstinencia, según la cual podemos clasificar nuestro grado de rigor dietético, en lo que respecta a alcohol.
En mi último flato mental ( Curso de Nutrición y Dietética del Instituto Profesional de la Salud de la Universidad Complutense de Alcalá de Henares), además de comprobar lo mediocres que son estos cursos y masters a distancia, como me pasé esos meses haciendo más cálculos que en el bachillerato, pues pensé que, además guardar el titulillo en el cajón de los diplomas, podía sacar algún provecho de la experiencia para ayudar mis queridos lectores dietéticos y así preparé este baremo de alcohol y calorías en las bebidas domésticas (en realidad es una chorrada porque el resto de ingredientes que componen las distintas medidas dan un computo de calorías totalmente diferente, pero bueno...), por lo que hemos diseñado esta sencilla tablita sobre la que comprobar nuestro grado de compromiso con la dieta, al menos en lo que respecta al alcohol, lo que para muchas víctimas, como nosotros, es el principal caballo de batalla.
Cálculo de alcoholimetría/calorimetría
En las botellas de cualquier bebida que contenga alcohol, es obligatorio especificar sus grados o % de este. Estas cifras vienen dadas por volumen, no por peso, mientras que todos cálculos alcoholimétricos y calorícos, se hacen por gramos, por lo que hay que aplicar el coeficiente de densidad del alcohol, que es de 0,8.
Si queremos calcular las calorías, basta con multiplicar por 7,1 Kcal., que son las que contiene 1 gr. de alcohol.
Expresado en fórmula matemática, sería:
Alcoholimetría = Vol. X % X 0,8
Calorimetría = Vol. X % X 0,8 X 7,1
Siendo Vol., la cantidad de bebida ingerida en cc. (¡Ojo! No en Cl., como pone en la etiqueta, porque 1Cl., son 10cc.), % el porcentaje de alcohol indicado en la botella y 0,8 el coeficiente de densidad del alcohol.
Así obtenemos los siguientes resultados:
Tablilla de cálculo rápido
Para que cada paciente pueda llevar a cabo sus cálculos de forma más sencilla, exponemos el baremo establecido de forma más simplificada. Para medir las calorías, basta con multiplicar por 7 los grs. de alcohol.
Baremo alcoholimétrico de Fabré-Iglesias
En nuestra extraordinaria y revolucionaria escala, el Alcoholímetro de Fabré-Iglesias, calculamos la ingesta diaria y la clasificamos en 10 niveles, que van desde el 0 absoluto, hasta el desmadre total:
Aunque en los párrafos siguientes aportamos algunas nociones sobre el metabolismo del alcohol, me parece oportuno reseñar que desde el momento que empezamos ingerir alcohol, el cuerpo empieza a eliminarlo, por lo que estas ingestas que anotamos, no son a lo largo de todo un día si no puntuales, ya que si tomamos un par de cervezas, media botella de vino y una copa, en la comida y otro tanto en la cena, aunque las calorías ingeridas sí sean las señaladas en el nivel 6, la tasa de alcohol en sangre no alcanzará el gramo por litro de sangre (0,83 gr/l. en sangre y 0,42 mlg/l. en aire), por lo que, aunque sea punible en caso de conducir, en un hombre de 120Kg., si está acostumbrado a beber, no mostrará síntomas de embriaguez.
Efectos del alcohol en el organismo
No se asusten que no vamos a decir eso de que alcohol mata, produce impotencia, es pecado mortal ni otras moralejas que, aún siendo ciertas en su medida, ya las conocemos de sobra y solo sirven para ahogar nuestras penas en un delicioso Glenmorangie envejecido en barrica de Oporto y agua helada de los valles asturianos, que es mejor que la escocesa.
En primer lugar el Dr. Fabré nos explica como actúa y como se elimina:
El alcohol es una sustancia hidrosoluble que se acantona en todos los tejidos del organismo, o lo que es lo mismo: cuando bebemos, si no lo metabolizásemos, nos convertiríamos en un depósito de alcohol.
La metabolización del alcohol solo se puede realizar en el hígado, concretamente en el interior de las células hepáticas (citoplasma del hepatocito), pero con la condición que esta célula del hígado haya sintetizado y tenga a su disposición, una enzima específica para metabolizar el alcohol: la alcohol deshidrogenasa (ADH).
La producción de esta enzima es constante, pero solo a petición de la presencia de alcohol en el organismo.
El alcohol no se encuentra libre en la naturaleza, de lo que se puede deducir que esta enzima es de reciente incorporación en nuestro elenco metabólico, a partir de la domesticación y el abandono del nomadismo, lo que nos permitió construir lagares y bodegas, por ello la producción de esta enzima esta sujeta a idiosincrasia personal, al sexo y a la etnia de cada individuo.
El hígado metaboliza a una velocidad constante estimada entre 7 y 10 gramos por hora, lo que significa que si ingerimos una botella de vino (84 grs. de alcohol), nuestro organismo tardará casi diez horas en eliminarlo, tiempo durante el que ese alcohol andará paseándose libremente por nuestras células y provocando ciertos desperfectos debido a su efecto cáustico por deshidratación de las células, sobre todo en las neuronas donde su ef
ecto puede ser irreversible.
De este somero apunte se puede deducir la importancia del factor tiempo en la ingesta de alcohol y de los efectos peligrosos que se derivan del consumo compulsivo que suelen llevar a cabo algunos jóvenes, cuyo sistema de producción enzimática no está aún totalmente desarrollado.
Es muy importante también tener en cuenta la procedencia del alcohol, porque, además del efecto instantáneo de los destilados, al ser estos un producto sintetizado de otras bebidas alcohólicas, su calidad influye determinantemente en su metabolización.
El dicho popular de que no deben mezclarse bebidas porque eso produce resaca, es totalmente cierto ya que la enzima ADH en realidad tiene numerosas subunidades con actuaciones específicas aún en fase de estudio, de modo que si empezamos a consumir un tipo de alcohol, por ejemplo cerveza, nuestro cuerpo “fabricará” un determinado tipo de ADH para metabolizarlo, pero si a continuación cambiamos a vino, luego a orujo, luego ginebra, etc..., la capacidad “interpretativa” para elaborar estas ADH específicas (las enzimas pueden catalizar más de 4.000 reacciones bioquímicas distintas), se verá desbordado y el efecto deshidratante del alcohol será mucho más largo, provocando esas temibles resacas.
Patologías derivadas del abuso
Cuando hablamos de un consumo elevado de alcohol, siempre nos hablan de la cirrosis, el coco, como cuando teníamos quince años y nuestros padres hablaban de la droga como del caballo del Apocalipsis, sin distinguir entre un porrete y la diabólica heroína.
En el caso del alcoholismo, hay que decir la verdad para que no suceda como con aquella desinformación sobre la droga, que llevó a tantos inocentes al abismo del “pico”: la cirrosis no llega como una tormenta de verano, si no que se ve venir y se puede solucionar.
La casi totalidad de enfermos cirróticos, lo son por otros motivos, o por patologías hepáticas no vinculadas al alcohol o, en las cirrosis alcohólicas, suele haber detrás un grave problema psíquico que mueve al paciente a la autodestrucción, es decir, que se trata de un suicidio más o menos lento.
Por el contrario sí hay otras patologías derivadas del consumo elevado de alcohol, que si bien no son tan espectaculares, sí pueden llevar a situaciones críticas e incluso fatales.
He aquí las más frecuentes:
Alcoholemia.
Son los niveles de alcohol en sangre en un momento determinado, el de la extracción o el del análisis alcoholimétrico en aire (el de la DGT), es decir, que si tenemos una tasa de 1,2%, significa que cada litro de nuestra sangre contiene 1,2 gramos de alcohol.
Obviamente depende directamente de la cantidad de alcohol ingerido, pero existen variables muy notables, como la envergadura del individuo, el sexo, la comida o ayuno que ha acompañado la ingestión, el tiempo o ritmo que ha durado esta, el tiempo transcurrido, etc.
De una forma un tanto doméstica, podemos calcular que la tasa de alcoholemia después de una hora de la ingesta, que podría terminarse mediante la llamada fórmula Widmark, que es sencillamente esto:
Tasa = A/mr
Siendo A, el peso de alcohol ingerido (expresado en gramos, o sea, lo del Baremo) y mr, el peso del individuo (en Kg.), multiplicado por una constante (factor de distribución del individuo) que en el hombre es de 0,7 y en la mujer de 0,6.
Conocida la tasa de alcoholemia, podemos saber en qué punto de su eliminación estaremos con el paso de las horas. Esta nueva tasa se puede calcular mediante tablas, pero depende del ritmo metabólico del individuo (a continuación los Dr. Cela y Fabré, explican estos complicados procesos), por lo que, si se trata de conducir, es mejor recurrir a un alcoholímetro de aire y dejarse de cálculos, porque a esto habría que hacer la conversión de gramos de alcohol/litro de sangre, a miligramos de alcohol/ litro de aire (realidad es una tontería porque basta dividir la de sangre por la mitad), que es lo mide la DGT, pero esta medición es completamente falsa porque participan otros parámetros en la respiración, pues lo dicho (un enjuague bucal dispararía las tasas de un alcoholímetro de aire, aunque el individuo sea totalmente abstemio).
* He de repetir que estos cálculos son solo teóricos ya que intervienen otros múltiples factores en el mecanismo de asimilación de alcohol y su concentración en sangre, como el trabajo de la ADH que empieza a los pocos minutos de ingerir cualquier tipo de alcohol, pero que lo hace de forma distinta en cada individuo, incluso dependiendo de si hay ingesta de alimentos, sobre proteínicos y hasta del tipo de bebida que se consuma (teóricamente son los mismos gramos de alcohol los que hay en dos cervezas, que en un whisky, pero la absorción es distinta).
Efecto calórico
En el Baremo alcoholimétrico vemos como una ingesta media habitual en la dieta mediterránea (nivel 4), supone un aporte de casi de 1.000 Kcal., de ahí que haya personas alcoholizadas que, ingiriendo además algunas bebidas azucaradas (cubalibre, gintonic, anís, ponche...), puedan ingerir por encima de las 2.000Kcal./día, lo que supone una sensación de saciedad que les quita el apetito.
Esta es una fase extrema que puede conducir a la cirrosis en relativamente poco tiempo, dependiendo en gran medida de las facultades metabólicas del individuo (hay hombres que viven quince o veinte años, y otros que caen en apenas unos meses, sobre todo las mujeres cuyo organismo es más sensible a la destrucción celular por razones hormonales).
Sin entrar en niveles patológicos que no conciernen a este pequeño estudio, sí resulta muy ilustrativa la tablita que hemos preparado ya que, por ejemplo un individuo que hace un régimen de 1.500Kcal., que es ya una dieta muy restrictiva y adelgazamiento forzado, si consumiese una cantidad normal de alcohol (Nivel 4), sin el menor efecto visible de ebriedad, lo que sí estaría subiendo su tasa de calorías casi al doble, pasando de las 1.500Kcal., a 2.380 Kcal., lo que ya supone una dieta hipercalórica.
Esto no tiene nada que ver con incluir en la dieta una copa de vino (100 Kcal.), que no interfiere de forma notable en el computo calórico, y que sin embargo aporta ciertos nutrientes, antioxidantes, etc., muy saludables para el organismo.
Y el Dr. Fabré entra en juego:
Etanol
El alcohol en el metabolismo lipídico.
El incremento de la síntesis de triglicéridos a nivel hepático es muy notable y se debe, en parte, a la acumulación de ácidos grasos por el bloqueo de la beta-oxidación y a la mayor producción de acetil-CoA a partir de los metabolitos del etanol que evitan la producción de esta molécula desde la degradación de los ácidos grasos.
La acumulación de grasas en el hígado da lugar al “hígado graso” o esteatosis hepática, preámbulo a la hepatitis tóxica alcohólica, que se finiquita en la cirrosis por ser este último un proceso irreversible.
El acopio y excedente de grasa de origen metabólico-hepático se distribuye por los tejidos adiposos del resto del organismo que evolutivamente tienen la función de reserva energética para momentos de carestía, por lo que de una manera bastante selectiva desplaza el agua creando aunque parezca paradójico tejido graso, puesto que el alcohol es, como hemos dicho, lipófobo, y esta grasa se acantona en los lugares de ahorro dando lugar a la obesidad característica del bebedor crónico importante.
Efectos del etanol en el organismo
No pretendemos redactar un tratado abreviado de patología toxica sistémica pero alguna consideración quisiéramos aportar puesto que al alcohol es la substancia psicoactiva con la fama de poseer la mayor capacidad destructiva, pero hay que suponer una ingesta superior a los 60g. día en el macho y 40g. día en la hembra durante un periodo superior a los cinco años.
Boca: creo que lo más notorio es la hipertrofia de la parótidas, por el estimulo sobre la células acinares secretoras de la producción salivar continuada con evidentes influencias psíquicas y reflejas. Por la mal nutrición consiguiente podremos encontrar estomatitis y glositis responsables en parte de la alitisis.
Esófago: esofagitis por la ingesta directa, por el incremento de vómitos, que alterarían la mucosa y indirectamente por las varices esofágicas secundarias a la hipertensión portal.
Estómago: gastritis atrófica, con pérdida de proteínas por sangrados en la destrucción de la mucosa.
Intestino delgado, malabsorción por alteraciones de la motilidad y permeabilidad.
Páncreas: es un órgano diana de los efectos tanto crónicos como agudos del etanol.
Sistema circulatorio: primeramente cardioestimulación con el consiguiente aumento del gasto cardíaco, con taquicardia sinusal que puede conllevar arritmias. Dilatación arterial periférica por liberación de catecolaminas y estimulación del SNV. (Esto conlleva asociado unos efectos beneficiosos y preventivos en la enfermedad coronaria).
Endocrinología: aumento de la hormona adrenocorticotropa y por consiguiente de los glucocorticoides, sobretodo del cortisol que refuerzan la obesidad, y explican la rubicundez (pseudo-Cushing).
Y el eminente Dr. Cela, entra en escena
Es muy interesante lo que informáis sobre el aumento de NADH y NADPH a partir del consumo de alcohol, con lo que sugiero que hay otras aplicaciones terapéuticas que se deriva del consumo de alcohol moderado (luego me explicare) más allá de las cardiovasculares.
La deficiencia de NADH es uno de los signos que se asocia a la fatiga crónica y la fibromialgia (¿Epidemia o pandemia? particularmente entre las mujeres).
El tratamiento con dicha enzima, mejora de forma significativa estos cuadros en pocos días, en una parte significativa de los pacientes.
Yo también había observado, aunque no estudiado epidemiológicamente, la relación entre abstinencia total (nivel 0) y presencia de fatiga crónica.
Como ya habrás leído en la patente, el ácido graso DHA (medicamento revolucionario, patentado por el Dr. Cela y que ya está en mercado español con el nombre comercial de NuaDHA), induce NADH a partir de la Beta-oxidación en dosis altas, siendo uno de los mecanismos de su utilidad en dichas aplicaciones.(1).jpg)
Por eso, el consumo moderado (nivel 1-2) eleva los niveles de NADH, sin embargo a dosis mayores, el alcohol no tiene ese efecto, ya que inhibe la beta-oxidación como indicáis en el articulo (en la foto, de izquierda a derecha, los doctores Céspedes, Cela y el paria que se ríe).
Ya que hay un gran interés nutricional en este articulo, hecho en falta, como en todos los textos que llevo leídos, el olvidado efecto de la tiamina (Vit. B1) y las tiaminidasas o antivitaminas B1, que existen en la dieta (en mi nueva patente se hace referencia a ellas, con ejemplos y tipificándolas).
Es de notoria importancia este punto en el consumo de alcohol, ya que, como todos sabemos, la tiamina es el tratamiento del coma y otros niveles de intoxicaciones etílicas.
Los grandes consumidores de té (tiene un alto contenido en anti-B1), padecen carencias nutricionales de B1, y en numerosas dietas ricas en alimentos ricos en harinas refinadas y pobres en verduras-frutas, entre otros detalles (me refiero particularmente a la dieta británica), NO TOLERAN EL ALCOHOL y este les induce a peligrosas neurosis (beriberi en su forma seca, aunque deberíamos decir húmeda, ja, ja...).
El alcohol, en su consumo crónico y con escaso alimento, reduce la ingesta, la absorción y aumenta el consumo de la vitamina B1, esencial para las actividades neurológicas y musculares, entre otras, y para la metabolización del alcohol a partir de la ADH y el efecto sobre la resaca y el alcohol que tan magistralmente explicáis en el articulo.
A mi parecer, la carencia de Vitamina B1 es posiblemente deficiencia nutricional más relevante en las que podríamos llamar enfermedades modernas, pero que ya son crónicas en los países occidentalizados.
Este tema podría dar lugar a una monografía en relación a las dietas tradicionales y las dietas occidentales modernas.
Habría que preguntarse porque un grupo muy significativo de turistas ingleses, cuando visitan nuestras costas y beben cantidades ingentes de alcohol (> nivel 6), se comportan como ya sabemos ....
Yo apunto a que este mecanismo podría estar asociado con la perdida de masa muscular y distrofia muscular observada en los grandes consumidores de alcohol, particularmente en los mal alimentados (deficiencia de tiamina).
Pienso que una alimentación rica en vitamina B (sin despreciar la A, tan deficientemente peligrosa en nuestras dietas light), cambiaría los efectos patológicos que produce el alcohol en nuestro organismo.
No olvidemos las propiedades de la levadura de cerveza, posiblemente uno de los alimentos con mayores niveles de vitamina B1, aunque esté ausente en prácticamente todas las cervezas industriales, pero que todavía es elevada en algunas como la Guinness y otras tostadas alemanas, las que ofrecen esa curiosa sensación cremosa.
Bonito trabajo de investigación para el que le guste la cerveza.
El alcohol podría ser un adelgazante cuando afloran sus cualidades anti-nutriente .Si me dais a elegir, prefiero coger unos kilos de más, algo totalmente natural en nuestro diseño fisiológico, sin carencias nutricionales, particularmente en el consumo medio-alto de alcohol (> nivel 4).
Me parece relevante resaltar la importancia de la nutrición en el consumo de alcohol.
La caquexia y la distrofia muscular, inducidas por alcohol, producen el efecto opuesto al esperado en el control de peso.
También es destacado el efecto de la interacción entre alcohol y las grasas.
El etanol es un disolvente polar prótico, como el ácido acético y el agua, que se encuentra en pequeñas dosis (o no tan pequeñas), dependiendo de su consumo en los tejidos grasos produciendo etil-esteres de acidos grasos, con relevante efecto patológico en las alteraciones pancreáticas, caquexia, lipoperoxidación, etc.
En este sentido, los desperfectos del alcohol sobre las celulas, además de los producidos directamente por su efecto cáustico, que sí existe, èrp es que también actúan sobre los lípidos de las membranas.
Esta proporción lipídica es crítica en el funcionamiento celular, particularmente por el efecto de los fosfolípidos y triglicéridos en presencia de alcohol a una temperatura de 37ºC. (alcoholisis, tranesterificacion,..), técnica usada en la industria grasa para la síntesis de ácidos grasos.
Un comentario: aunque el alcohol no se encuentra prácticamente libre en la naturaleza, sí se produce en primates, entre otros, a partir de la fermentación de la glucosa procedente de la dieta, mediante las levaduras (Candida sp.) en el intestino, encontrándose entre 1000-1000.000 UFC/gramo de heces en la población sana.
No sé si lo que te he comentado aquí os sirve para ampliar vuestro magnifico Alcoholímetro Fabré-Iglesias.
Me parece un articulo divertido, culto y necesario, porque es imprescinble que se hable con claridad sobre este grave problema que es el alcohol en nuestra sociedad.
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