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Tablas de quesos

 
Publicado en el diario Diario El Comercio año 1998.

El invento de los surtidos no es precísamente español sino más bien anglosajón, aunque como suele ocurrir con todo lo que sea asunto de boca, fueron los franceses quienes se apropiaron de la idea y la exportaron como cosa propia hacia el resto del mundo occidental, y oriental, que no es moco de pavo lo que por allí están montando los gabachos.

El principio es realmente bueno ya que se trata de ofrecer al cliente un surtido de diversos productos, principalmente quesos o embutidos, con lo que este, de una forma divertida y hasta cierto punto económica, puede degustar un buen número de especialidades que de otro modo tendría que circunscribirse a una o dos.

Y de paso para al hostelero, pues le permite una rotación lineal de todos los productos, que otro modo podría ser imposíble ya que a raciones, pues igual les da a todos los clientes un día por pedir Cabrales y lo agota en un santiamén, que les da por el Gamonedo y al vecino le pueden salir patas antes de vender una tajada.

Hasta aquí todo bien, porque encima es una forma informal de comer, con mucho lucimiento porque ya se encarga el buen profesional de poner los adornos pertinentes, y con un par de tablas pueden picar cuatro o seis personas durante una buena hora, salvando el trámite de la cena, que es de lo que se trataba.

Ahora viene lo malo, queienes, creyéndose mas listos que nadie, lo que hacen es matar la gallina de los huevos de oro.

No voy a citar nombres para no crear polémica, pero hace algunos meses en cierto restaurante, muy conocido de Gijón que transformó un comedor en sidrería, pedimos una tabla de quesos y lo que allí sacaron parecía el cubo de basura de la sección de quesos de un supermercado.

Recortes, primeras capas sudadas y hasta combadas, cortezas, picos, y para colmo, cuando uno de los comensales, antes de que yo soltase un bufido, le preguntó al camarero qué variedades de quesos asturianos había allí, este se encogió de hombros y dijo algo así como: «¿Pues que va a haber?, las de siempre, Cabrales, Manchego, Afuega’l pitu, y eso.»

No les voy a contar como acabó la cosa porque ya se lo podrán imaginar, pero sí usar este ejemplo para resaltar varios puntos que bien podríamos calificar de dramáticos para nuestra imagen gastronómica, y que podríamos resumir en una idea global: el denigrande uso de un atractivo método hostelero, que bien podría servir para promocionar nuestros quesos como hacen en tantos otros paises.

¿Porqué no hay un sistema de control que ponga firmes a quienes dan gato liebre? y me refiero a quesos azules holandeses por Cabrales o Gamoneu, poner en las cartas «Tabla de quesos artesanos de Asturias», y meter industriales de Casadios, ofrecer como especialidad esas tablas, y no saber ni como ordenar los productos en orden de consumo, etcétera.

Evidentemente la respuesta la conocemos todos, porque si no tenemos ni siquiera una dirección regional de turismo, (no digo ya consejería, como se decía en el discurso electoral), pues no podemos esperar tener un control de calidad de nuestra hostelería.

Y nos quejábamos de las administraciones anteriores por no apoyar un turismo de calidad.

 

Si le interesa leer más sobre este tema, pinche en el icono Buscador (ángulo superior derecho de su pantalla) y escriba la palabra objeto de estudio. También le recomendamos consultar el enlace a Escuelas de hostelería

 

Escrito por el (actualizado: 17/12/2012)