


Aunque resulte un poco hortera, pero parece que una cena de Nochebuena sin marisco no es tal celebración, además de que, no nos engañemos, la Navidad es intrínsicamente una fiesta un tanto chabacana y por tanto no debemos ruborizarnos por meter, aunque sea con calzador, esos langostinos con mahonesa en el menú.
Lo que ya duele más es pagar a precio de tigres frescos de Huelva, unos congelados mauritanos que el pescadero a puesto al oreo el día anterior y que compró de saldo en octubre, o tener que empeñar el Patek Philippe para pagar una langosta de la que, salvo el cascarón, apenas si le queda ya algún recuerdo de los mares en que pastaba, por eso vamos a partir de la base de que la materia prima ha de ser infame, abyecta y vil cual compra cuartelera, porque ahí quiero yo ver a los cocineros con clase.
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Mariscos

Pescados

Recuerden que el vino no lleva plusvalía navideña, salvo que lo compren en la tienda de la esquina que, por aquello del turrón, el traficante le mete una astillita de aguinaldo, así que estírense con ese albariño del que tanto nos ha oído hablar y verá que bien le saben con él los lenguadillos momificados y el cocktail de gambas saharáuis.

Un compendio de sumillería familiar con que disfrutar de la pasión del vino.
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