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Salsas especiadas

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Trabajo iniciado en el Otoño del 2008. Terminaremos cuando Dios quiera. 


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En la web pueden encontrar las aplicaciones de estas salsas poniendo el nombre de ellas en el buscador, por ejemplo con Ajada, salen casi un centenar.

Ajada: Es una combinación de aceite, ajo y pimentón, tan frecuente en la cocina española, que sirve de base para todo un recetario regional, el maragato. También se la conoce como ajoarriero, aunque este nombre está muy contaminado porque hay quién, olvidando su origen arriero y por tanto maragato, lo han usado para bautizar guisos con salsa de tomate y pimiento, como el Bacalao Ajoarriero, o algunas brandadas, como el Ajoarriero de Cuenca, que debe llamarse Atascaburras, ambos deliciosos platos de nuestra mesa, pero no ajoarrieros. Para hacerla, basta con freír unos ajos aplastados en abundante aceite de oliva (lo que se necesite de salsa) y, ya fuera del fuego, añadir el pimentón, dulce, picante o en porcentajes. Pueden ver más en Refrito, Ajada o Ajoarriero

Ajillo: Esta es la salsa de ajo frito puro, sin más ni más, salvo unas rodaja de guindilla si se desea hacerla picante y, si acaso, unas gotas de vinagre al final del uso, pero ya más como parte de la receta del plato que de la salsa propiamente dicha. Basta con poner el mismo volumen de aceite que la cantidad de salsa necesaria, añadir los ajos (enteros, aplastados, cortados o picados, según la necesidad del plato), llevar al fuego y, según empiecen a tomar color, retirar y añadir los ingredientes a rehogar: gambas, champiñones, angulas, pollo …, o bien verterla sobre el que corresponda: Ventrisca, salmón, merluza, salmonetes, solomillo… Se requiere muy buena calidad de ajo, tanto como para el alioli, porque su sabor es fundamental y, lo que vienen de China, saben a farmacia.

Alioli: Podríamos decir que es ajo puro y encima crudo, de hecho un autentico alioli no lleva huevo, solo aceite, limón o vinagre y ajo, mucho ajo. Claro que si hacemos caso de la historia que afirma que la mahonesa fue una salsa alioli a la que el Cardenal Richelieu quitó el ajo para no espantar a sus conquistas, pues vaya usted a saber. Hacer a pelo es un coñazo y pocas personas son capaces de meterle mano, de hecho los aliolis más agradables llevan pequeñas cantidades de ajo. Lo más sencillo es poner en una minipimer un huevo entero (con clara), sal, vinagre de vino, un ajo recién picado, un cuarto de litro de aceite de oliva (el virgen puede ser demasiado fuerte, pero va en gustos), y darle motor hasta ligarla. Tiene mil aplicaciones tentadoras, como añadida a unas patatas cocidas , o como guarnición de las paellas, pero pueden ver más en su propia Receta 

Bearnesa: Es  una salsa difícil de lograr porque exige de una mano profesional para lograr que ligue sin cortarse ni cuajarse por exceso de calor, así que no daré aquí la receta (ver en Bearnesa), solo comentar que es la salsa de estragón por excelencia, deliciosa para acompañar carnes a la parrilla. Cada vez es menos frecuente, casi inencontrable en España porque requiere pericia y su fuerte sabor solo gusta a los más exquisitos gourmets, eso sí, por una buena bearnesa se puede cruzar el mundo.

Bienmesabe: No se trata de una salsa sino de un aliño y del propio surtido de pescados con él tratado. Cada maestrillo tiene su librillo, pero no debe faltar el ajo, azafrán, comino, orégano, laurel, pimentón y vinagre.  Suele hacerse con cazón, un pequeño tiburón. Se deja en esa marinada toda la noche, luego se escurre, enharina y fríe. En Andalucía es tan típico que hasta se vende por las calles.

Curry: Puede ser natural, o sea, lo que llamaríamos un plato de Curry, o en conserva. La primera es un guiso condimentado con esta mezcla de especias, así que miren en el recetario, así como en el apartado de Las especias y sus aplicaciones. La salsa es muy potente y gusta a los anglosajones para echar en cualquier cosa, desde un rosbif frío, hasta en sándwiches vegetales.

Harissa: Se trata de una salsa de origen dudoso ya que, si bien es netamente magrebí, al estar elaborada a base de pimientos y guindillas, y estos proceder de América, podemos concluir que, tal y como hoy se conoce, esta pasta no debe tener más de tres siglos. Se prepara machacando estos pimientos picantes con ajo, cilantro, alcaravea y sal, y luego emulsionando este polvo con aceite de oliva. Lo más cómodo es comprarla en tubos porque se conserva meses en la nevera. Se puede añadir a cualquier guiso, pero lo típico es disolverla en el caldo de verduras del cuscús, en sopas magrebís como la Harira y en cualquier plato de corte árabe que quiera hacerse picante.
 
Mole: La salsa mole es una forma incorrecta de hablar ya que en nauatl la palabra mole quiere decir salsa, es decir, que no es una salsa en sí. Por ejemplo el guacamole es un puré de aguacate. Incluso el mole poblano es un guiso de pavo. No obstante y para dar una pista, lo que se vende como salsa mole es un majado de diversos tipos de pimientos (chiles), tomates, almendras (frutos secos, generalmente cacahuetes) y cacao. Se vende en botes y debe diluirse en agua, para después incorporar ese mejunje a una salsa de tomate y cebolla, o pisto. Pueden ver más aplicaciones en Bonito con mole, Calamares en tinta de mole, Mole de Huajapam, o en el capítulo de Salsas.

Mostaza: Como ya explicamos en la sección de las Especias, la mostaza, o mejor dicho las mostazas, son las semillas de varios tipo de col, lo que contando con que se aliñan con diferentes escipientes (generalmente vinagre), supone un abanico infinito de salsas. La más pura no es la llamada en grano, aunque se bvean las semillas, si no la que viene en polvo, como la Colman's, porque las que vienen ya aliñadas cuentan con otros ingredientes. Por ejemplo, el clásico color azafranado, se consigue poniendo polvos de cúrcuma. Pero también hay muchas que se preparan con otras especias, como el estragón. El uso más frecuente es con la carne, sobre todo con las hamburguesas y hotdogs, pero en Francia, cuna de esta salsa (la menos actualmente), suele comerse con carne de cerdo hervida (Codillo, Choucroute garnie, Tête de porc, etc.) y en el aliño de casi todas las ensaladas. No debe confundirse la mal llamada mostaza japonesa, Wasabe, que es rabano verde picante rallado. En Japón también se hace mostaza y por cierto exquisita.

Pesto: Es la gran salsa italiana, el sabor de la verdadera Italia, de Liguria, mucho más allá de las contaminaciones napolitanas recargadas de tomate y que, aunque no lo sepan los espaghettis, es de clara influencia española (fue colonia española hasta el siglo XVIII). Es una salsa de albahaca fresca, con más o menos complementos (pueden ver más en Pesto genovese ), pero siempre debe llevar algo de ajo, poco, queso Parmesano, piñones  y aceite de oliva, claro. Tiene hasta un Consejo Regulador de Denominación de Origen, pero no la compren, deben hacer al momento, para sentir la frescura y el verdor de la albahaca, una explosión de fragancias mediterráneas con la que podemos aliñar no solo la pasta, sino carnes y pescados, sobre todo atún, sardinas, pollo…

Massala (salsa de): Es la tercera gran salsa hindú, quizás en la que más se pueda cargar el perfume de cardamomo (es que a mí me encanta), aunque en realidad el garam masala (गरम मसाला) es una mezcla de muchas especias, o sea, como un curry, aunque la percepción general cambie por completo, de hecho se puede consumir fría, disuelta con yogur o leche de coco. Es tan deliciosa que hasta se puede comer a cucharadas o con pan indio (Naan), o acompañando ingredientes suaves, como hortalizas hervidas o pescados blancos.

Menta (salsa de): Quiero diferenciar entre esta salsa, natural, fresca, de sabor herbáceo y hasta picante, de esos potingues que llaman jalea de menta, que son casi mermeladas de manzana con perfume mentolado. Una buena salsa de menta se parece mucho a un pesto, aunque los aromas son más picantes. Consiste en majar hojas frescas con aceite, unas gotas de limón, sal, pimienta y almendras ligeramente tostadas. Se suele servir en los mezzés para avivar los sabores de la carne de cordero, sobre todo de los pinchos morunos, pero también está deliciosa con pescados azules a la brasa. 


Eneldo (salsa de): En España el sabor de eneldo no gusta, pero en Escandinavia y Alemania es un vicio. No se puede servir un Smørgasborg sin salsa de eneldo, porque el Salmón con eneldo, es obligado. Y un   sin ella es como un cocido sin chorizo. En realidad no tiene más misterio que añadir un buen puñado de ramitas frescas a una mahonesa y volver a triturar, o hacerlo todo junto desde el principio. Conviene acidular con un poco de limón porque para nuestro gusto puede resultar demasiado dulzona.

Ravigote: Aunque su nombre sugiera los ariscos montes de Sicilia, en realidad es francesa, porque viene del verbo ravigoter, que quiere decir algo así como vivificar, refrescar, alegrar. Lleva varias especias, según gustos y aplicaciones, pero siempre verdes, tipo cebollino, perejil, estragón, albahaca (todo en crudo), pero esta es una salsa principalmente de alcaparras, ingrediente que algunos internautas analfabetos olvidan, lo que equivaldría a hacer un alioli sin ajo. Se usa para alegrar guisos de casquería, sobre todo la cabeza de ternera hervida, algo poco habitual en España, pero tan delicioso que lanzó a la fama al chef Jean-Pierre Vigato, del restaurante Apicius de París. En el país vasco se come el morro, otra gozada, pero ténganla siempre en cuenta con fiambres de este tipo, como la cabeza de jabalí, incluso con un buen paté de campaña. De hecho cualquier terrina que lleve abundante gelatina, aunque sea de pescados u hortalizas, admite esta salsa con inmensa alegría.

Satay: En un adobo para brochetas, pero también se puede poner en la mesa para mojar tipo fondue bourguignone. Lleva tantas especias que no las puedo enumerar, pero, como es complicada de hacer, se compra ya en frasco, que para un día, no está mal. En Francia suele servirse con las gambas y langostinos a la plancha (no con las blancas de Sanlúcar, ni con las rojas de Palamós, claro), pero como mejor sabe es en brochetas de pollo o vaca. 

Soja: Es la salsa más utilizada en el mundo y consiste en soja fermentada con sal. Imprescindible en la comida japonesa, cada vez hay más adeptos que la usamos para otros platos occidentales, como las cremas de verduras y las barbacoas. Solo se puede consumir en preparaciones industriales porque su elaboración requiere meses. Para mi gusto la mejor es la Kikkoman, pero sobre todo no compren las chinas porque saben a cacahuete. Una vez abierta la botella, empieza a oxidarse y se muestra mucho más salada y de sabor algo metálico, aunque para sopas está igual de buena, pero para el Sashimi resulta demasiado fuerte y conviene abrir otra botella. En la foto vemos el clásico platillo con un pegote de wasabe aún sin disolver (lo puse así para que lo vean)

Tahín: En realidad es una simple pasta de sésamo recién tostado, molido con agua y aceite (de sésamo u oliva), que se puede comprar preparada ya que se conserva semanas en la nevera. Parece mantequilla de cacahuete, pero tiene relativamente pocas calorías y mucho sabor. Es ingrediente imprescindible en el hommos, pero yo la pongo también en muchas verduras, como las Vainas con Tahín

Wasabi : En realidad no es una salsa si no una pasta de rábano verde picante rallado, que se disuelve en la mesa japonesa con salsa de soja para mojar en ella el pescado crudo (Sashimi y Sushi). Es conocida como mostaza japonesa, pero ese término es falso porque en Japón se elabora mostaza, tipo Colman's, de excelente calidad y cuyo sabor y aplicaciones en nada se parecen al wasabi. Yo lo compro siempre en tubo porque es más agradable, más herbácea, pero se vende en polvo para amasar al momento con un poco de agua (la de la foto es de tubo). De todas formas, en la nevera, dura meses, incluso después de abierta.

 

 

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