Un compendio de sumillería familiar con que disfrutar de la pasión del vino.


Las palabras en negrilla tienen un contenido esóterico, explicado en el
capítulo Simbolismo de los alimentos,
Una de las multiples propiedades, o curiosidades, que tienen los higos, es que cuajan la leche de una forma sorprendente ya que no se corta, simplemente se solidifica, quedando como una jalea, y con un perfume a higos que parece que procede de ellos mismos.
Este postre se sigue encontando en algunas ciudades españolas donde aun se mantiene la tradición dulcera mozárabe, como en Cordoba, Murcia, Toledo, etc.
1. Se hierve la leche tres veces y se deja enfriar. De esta forma evitamos posibles riesgos sanitarios y de paso retiramos la nata, con lo que desengrasamos el postre y evitamos que se forme una capa desagradable en su superficie.
2. Una vez bien colada, la repartimos en cuatro cazuelitas de barro, como las de las angulas, y las colocamos en un lugar fresco donde puedan quedarse sin peligro durante toda la noche (me refiero a gatos, perros, niños, etc.).
3. Cortamos los higos en finas lonchas y las repartimos por las cazuelitas sumergiéndolas de tro de ella. Viene al caso advertir que en los higos secos hay mucha picaresca porque ese color blanco característico, debe proceder del secado al sol (ver Higos), pero hay productores que lo fuerzan con harina, lo cual es una porquería y pone en peligro el éxito del plato.
4. Al día siguiente la leche aparecerá cuajada por completo. Entonces pondremos las nueces peladas a cocer en ron añejo, o en brandy. Deben cocer lentamente para chupar el sabor hasta que el líquido se consuma por completo y quede casi como caramelo.
Cuando estén frías se reparten por la superficie de las cuajadas y se sirve bien frío. No necesita azucar, pero eso ya va en gustos.
Variantes del plato:
Para mi gusto el maridaje de las nueces con los higos es perfecta, pero cabe perfectamente cambiar de fruto. Otra alternativa es usar nueces cantonesas, esas que vienen ya caramelizadas, o garrapiñadas, como se decía antaño en los conventos españoles.
Libaciones:
Como en la mayoría de los postres sefardíes o mozarabes, el vino no casa. Quizás en este caso un Pedro Ximenez, no muy denso, podría estar bien. Lo mejor: el té.
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Un compendio de sumillería familiar con que disfrutar de la pasión del vino.
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