¡Atención! El año 2006 esta sidrería cambión de propietario sin previo aviso, por eso aparece sin datos
A veces me pregunto si Angel no se equivocó de vocacióny, en vez de una sidrería, lo que debería es haber puesto un museo ictiológico, porque los ejemplares que consigue, parecen efectos especiales de una película de Spielberg.
Nunca había visto rodaballos, besugos y doradas como los que le llegaron mientras hacía la foto de los percebes (pocos rodaballos de seis kilos y doradas de cuatro se ven hoy día en el mundo) y es que Angel tiene contactos que le pillan todo aquello monstruoso que se rule en Asturias.
Ni que decir tiene que su cocina es esencialmente de mercado, pescados y mariscos que con esa calidad solo deben degustarse a la plancha y poco hechos, aspecto que en Gijón no suele ser necesario puntualizar, porque aquí se sabe comer pescado y por tanto hay buenas costumbres.
El local es una gran sidrería, una de las mayores de Gijón y, a pesar de estar en un barrio nuevo, hay grandes tertulias de sidreros que pasan las horas muertas probando ese palo que algunos dicen que está mejor que el de El Cartero, porque estas son las dos que mejor fama suelen tener.
A diferencia de otros locales similares, aquí sí hay cocina porque Belén, la jefa, es una gran guisandera y por tanto se puede confiar en sus manos para acomodar una buena caldereta sin que se pasen de punto los salmonetes.
Y de los percebes, qué les voy a contar, incluso les pelé un par de ellos para que puedan ver lo que había dentro.

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