Hasta a los más descorazonados ácratas, a los desengañados de la política, a quienes no nos creemos ni la hora que dan en el Telediario, la situación, o mejor dicho, el papelón, que nuestro presidente, el Zapa, está haciendo en Europa y ante el Mundo entero, hace que se nos corte la digestión, y así no hay quién escriba de gastronomía.
Durante treinta años, la crema de marisco de mi restaurante fue considerada una de las más notables de Madrid, y, ahora que ya está cerrado, les confieso que solo llevaba mejillones y cabezas de gambas.
Les aseguro que nadie preparó este guisote hasta que se me ocurrió bautizarlo con tan bucólico nombre, pero ahora aparece en innumerables publicaciones como uno de esos platos que hicieron famosa la cocina asturiana.
Aunque les parezca algo muy sofisticado y de restaurante francés, este es un plato de pastores, un guisote húngaro, delicioso, nutritivo, fácil de preparar, económico y que hasta se puede congelar si hacemos una buena cazuelona.
Durante décadas esta uva sólo se usó para hacer claretillos de granel, pero hace diez años probé el primer tinto elaborado con métodos actuales y roble francés, y quedé perplejo.
No esperen encontrar un exuberante vino colmado de fragancias exóticas, todo lo contrario, la mayor virtud de este vino es su suavidad, su discreción, una elegancia que habla de su viejo linaje,
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