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Poner la mesa de Navidad

 

Publicado en la revista planetAVinoNº 22, Sección: Cocinillas / Para quedar como un Chef, siendo un cocinilla.

Hasta hace no muchos años, era de rigor saber poner la mesa en casa. Cómo ordenar los cubiertos, a qué lado del plato poner la servilleta y el platito del pan, donde colocar al abuelito para rendirle los honores de su rango patriarcal, o incluso saber depositar con mimo la botella de tinto en un cestillo, con lito incluido, para que, al llegar los invitados, aunque no hubiese candelabros ni centros de frutas, estos pensasen que estaban en una casa bien.

Hoy las cosas han cambiado en la mayoría de los hogares, las mujeres piensan que cocinar es una vejación machistas y los teen agers, acostumbrados a comer como cerdos en  el comedor escolar o en el burguer, piensan que poner un plato en una bandeja ya es decadente.

Gracias a Dios, todavía quedan personas entre la gente, ciudadanos que preferimos perder cinco minutos en montar el comedor con mantel, copas y cubiertos, aunque estemos solos, porque parece que así la comida es más importante, incluso haciendo un severo régimen como el que llevo sufriendo tres meses y que me recuerda ya al del Caudillo.

Pero es que hay personas que, a fuerza de comer en la bandejita de la tele y como en los restaurantes finos el servicio consiste en un trajín continuo, una vorágine, un desfile de platos y cubiertos, pues si ven cuatro cubiertos sobre la mesa, alegan haber perdido el apetito en vez de solicitar el manual de instrucciones.

No voy a entrar en altos vuelos, ni tan siquiera en enseñarles los distintos protocolos y sus respetivas variaciones en las presidencias, preferencias y precedencias (hablamos en el Nº10, Navidad del 2006), esto es solo saber poner la mesa, algo que, al menos en estos días festivos, se agradece y cuesta muy poco, incluso en tiempos de crisis.

Sobre gustos y estilos, no me pronuncio. A mí encantan los manteles de lino lisos de color crema, pero uno portugués de florecitas es igual de digno.Cubiertos de gala

Respecto a las copas sí conviene recordar que esas de colores, verde o morado, ya chirrían. Cuanto más grandes, mejor y la pequeña, para el agua, o sea, al revés que antes.

Platos no debe haber más de dos en el montaje. Uno de trinchero y encima otro de postre para los aperitivos. Si acaso una taza de consomé para una sopita, que siempre entona el cuerpo, sobre todo después de resacas y fríos invernales. Si tenemos salvaplatos, pues se ponen, que no ocupan y son muy molones.

Los cubiertos deben colocarse de afuera adentro, según el orden de servicio de los platos, siempre los tenedores a la izquierda y cuchillos y cucharas a la derecha. Como ven en la foto, en el extremo diestro hay una cuchara para el consomé, después uno de pescado y, por fin, junto al plato, el último en ser usado, el de carne. En este caso se ve muy bien porque son los tradicionales, los clasicotes, pero con los modernos puede haber más confusión porque hacen cosas muy raras. Los de postre, cruzados delante del plato para no ocupar demasiado espacio, además, antes de servir el postre, debe limpiarse la mesa por completo, incluso de migas y hasta el plato del pan.

Sobre el platillo del pan y la servilleta, no hay normas españolas, incluso en Francia cambian según los tiempos. Tradicionalmente se ponía el pan a la derecha del plato y la servilleta a la izquierda, pero a mí me resulta más cómodo poner ambos a la izquierda…, porque así se cogen con esa mano, que es la tonta, la que  entrega las cosas a la derecha, ejem.

Respecto al vino, conviene disponer un cubo grande con hielo para mantener fríos los blancos y cavas, siempre con un lito para limpiar el agua que pueda chorrearle por la espalda a nuestra suegra.

El tinto debe jarrearse a un decantador y dejar la botella en el aparador para que cada cual vea lo que se ha servido. Nunca deben mezclarse dos botellas en el mismo decantador, ni siquiera en la misma copa, porque una botella puede estar deliciosa y otra con sabor a corcho.

También puede colocarse en un cestillo, pero eso se hacía cuando se bebían vinos viejos que había que sacar de la bodega sin mover para que no se revolviesen los posos. De hecho debía sacarse en cestillo a la mesa y allí, a la vista y con una vela al trasluz, decantarse para aprovechar el vino limpio y despreciar el turbio. Hoy día, como ya no hay turbios, pues se jarrea solo para forzar la oxigenación.

El servicio del café y las copas debe hacerse aparte, ya con la mesa limpia. De hecho, antaño, en las casas grandes, este servicio de hacía en el salón, no en el comedor, ya solo los mayores, para poder fumar y hablar de la crisis.

Lo más complicado es el servicio de la comida, porque debemos partir de la base de que correrá a cargo nuestro (el que tenga mayordomo no debe leer este artículo), o sea, que debemos pensar por encima de todo en la propia comodidad y en que la comida llegue caliente a los comensales. Por ejemplo la sopa se puede llevar en sopera porque suele derramarse en los platos. Los primeros deben ponerse en la mesa de picoteo para evitar trajín de platos. El plato fuerte requiere estrategia. Si es un pescado lo mejor es llevarlo a la mesa en la fuente del horno y limpiarlo allí, aunque eso requiere destreza. Si ponen pavo, pularda, rosbif, etc., lo mejor es trincharlo en la cocina y llevarlo servido en platos calientes. Lo más bonito es llevarlo  entero a la mesa y trincharlo a la vista. Ahí se requiere colaboración, uno trincha y otro reparte.

Para finalizar, los dulces. Una buena opción para eliminar trabajo es pasar de postre, porque con los turrones ya hay para subir la glucosa hasta Semana Santa, pero si ponemos una macedonia (era muy tradicional), entonces los dulces irán con el servicio del café.

Previamente al ejercicio de estos buenos modales, conviene dar una paliza a los niños, incluso una buena mano de latigazos a los púberes, de forma que entiendan que estos días deben comportarse como si fuesen personas civilizadas y que ese repaso recibido,  es solo un aperitivo comparado con lo que les sucederá si eructan en la mesa, cogen la comida con las manos, se sientan con la gorra o el iPod en la oreja, etc.

Escrito por el (actualizado: 21/10/2013)