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Saber beber

 
Diario El Comercio año 1997 (Este artículo no fue publicado por ser considerado "peligroso" para las relaciones con la DGT. Dos años después, trás ser condonadas ciertas multas con retirada de carnet para varios directivos, volví a la carga y logré sacar el que pueden leer como Alcoholímetros nefastos y en 2003, en la revista Viandar, Alcoholímetros y Asociaciones de hostelería. Hoy, año 2005, miles de restaurantes están al borde la quiebra por este asunto).

Hace quince días, nuestro maestro Francisco Carantoña, sufrió el asalto de una pareja de la Guardia Civil que le conminó por imperativo legal a realizar la prueba de alcoholemia, hechos que al día siguiente relató con su característica sorna gallega, describiendo telegráficamente como había solicitado a los agente que hicieran constar en algún documento que se había sentido violado en sus derechos constitucionales.

Como un servidor de ustedes no es gallego sino de Cangas de Onís, y por allí el sentido del humor es bastante menos disimulado y socarrón que al oeste del Eo, cada vez que veo estas necias agresiones a las buenas costumbres me arde la sangre y tiro de alfanje dispuesto a emular a Santiago cortando cabezas en Clavijo, o al Cordero levantando sellos el día del Apocalipsis.
Dice mi amigo Vilabella que soy un integrista gastronómico y que debería cumplir pronto los sesenta para apaciguar los ánimos, ¿pero es que no te das cuenta, mi buen amigo, que la culpa de todas las desgracias y miserias de este país la tienen los imbéciles?
Hasta hace algunos años los genios de la Patria afirmaban que el consumo de aceite de oliva era el responsable de que los españoles fuesemos bajitos, cabezones y con mala leche. Luego vinieron los franceses, compraron los olivares y las almazaras y ahora el aceite de oliva es la panacea universal.
Hasta hace un par de años los quesos españoles eran un peligro público porque la leche no se pasteurizaba y había riesgo de diezmar la población a golpes de fiebres de malta. Ahora que las fábricas alemanas han llenado de maquinarias cada pueblo quesero y las multinacionales francesas se han adueñado de las principales factorías de la Mancha, el Ministerio se entera que los quesos de calidad deben hacerse con leches enteras, sin tratar, para mantener los rasgos del terruño, porque con sesenta días de curación ya no hay riesgos de contaminación.
Y lo mismo pasa con las galletas, las cervezas, los vinos, etcétera.
¿Que tiene que ver esto con las multas de tráfico?
Pues todo.
El pueblo español es junto al francés y al italiano el que mejor sabe beber del mundo.
Aquí nadie bebe para emborracharse sino para disfrutar de un buen vino acompañado de sus respectivas tapitas o de una buena comida.
A veces se nos va la mano y se escapa un cantarín, pero tampoco es como hablar de dramas nacionales.
Sin embargo los sajones beben con el único objetivo de ponerse como piojos. Su actitud hacia el alcohol puede mas o menos compararse con el drogadicto que se encierra en su cubil para regodearse en solitario con su miserable muerte a plazos.
¿Y esto es lo que se pretende nuestro gobierno europeista?
¿Es mas civilizado encerrarse el fin de semana en la suite de un hotel para rodar por los suelos vomitando y reventando el hígado, que disfrutar dignamente de una botella de Vega Sicilia con unas tajaditas de jamón de Guijuelo?
Vayanse a la mierda, señores juzgadores de la ética nacional.
La función de la Guardia Civil de Trafico es velar por la seguridad de los contribuyentes, interviniendo cuando existan indicios de que algún conductor pueda provocar algún accidente. Ponerse en un tramo de carretera mal señalizado para clavar multas por exceso de velocidad o detener indiscriminadamente coches para hacer control de alcoholemia es un atraco, y salvo que yo esté equivocado, la función punitiva no es básicamente recaudatoria.
En España la hostelería mueve miles de millones y crea muchos puestos de trabajo, si a partir de ahora salir a comer fuera de casa y tomar una botella de vino es un delito mas castigado que un atraco, entonces será mejor que las personas de buenas costumbres emigremos a paises menos civilizados.


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